dimecres, 12 de novembre de 2008

El impulso de la clase media popular


Alejandro Escarrá
Fuente: Latinoamérica en el siglo XXI

Durante mucho tiempo, la clase media se vio bajo la sombra de lo que muchos llamaron la sociedad civil. Ese entorno social, económico y apolítico en el que la posesión de propiedades los diferenciaba de la clase baja y cuyo sistema de vida, aún queriéndolo, no se acercaba al de la clase alta. Hoy por hoy, el incremento de calidad de vida de los que antes eran sectores empobrecidos de la sociedad, ha incluido a estos últimos en esa clase media, haciendo de ella, una clase media popular.

Sin duda alguna, el sector que más se ha favorecido del proceso bolivariano en Venezuela es el sector D y E de la población. El conjunto de programas de corte socialista, denominados "misiones", especialmente los referentes a salud y educación, han permitido que millones de venezolanos salgan de la pobreza, y de la pobreza extrema, y que un grupo de ellos pase a formar parte de lo que entendemos por clase media. Esto se puede constatar tomando los datos del Instituto Nacional de Estadística e incluso de organismos internacionales como la CEPAL, en los que si bien es cierto que las cifras varían, es evidente que en todas, la disminución de la pobreza y de la pobreza extrema es una constante irrevocable.

Ahora bien, ese desplazamiento de población de las clases bajas a la clase media, incrementa aún más la heterogeneidad de un sector cuya identidad y vulnerabilidad impiden descifrar sus enigmas, y ello hace cuesta arriba establecer un diálogo indistinto para todos los sectores que la conforman, y facilitar así su actuación en el campo social, político y económico.

Hice referencia a la vulnerabilidad de la clase media ya que el golpe de estado y el paro petrolero de 2002 y 2003 nos dejaron evidencias de cómo sectores que habían logrado salir de la pobreza volvieron a encontrarse con esa realidad producto de las acciones de unos cuantos sin escrúpulos que están dispuestos a eso: a llevar a la gente a la pobreza, si con ello consiguen retomar el poder político y económico que durante muchos años detentaron. Esa vulnerabilidad ha disminuido con el sistema de políticas públicas que se empezó a implementar desde el año 2004, cuya unión y consolidación con los grupos sociales permite hoy sentir en menor nivel esa fragilidad, pero sin engañarnos, ella persiste.

Planteé también a la identidad como uno de los elementos más difíciles de determinar en ese cuerpo social denominado clase media. Cuando hablamos de clase media, se suele pensar en aquellos que viven en apartamentos; tienen acceso al transporte, público o privado; un trabajo más o menos estable y unas condiciones de vida aceptables. Sin embargo, dentro de su identidad, está el hecho de siempre mirar hacia arriba, hacia la clase alta, esa necesidad de ascender socialmente, inherente al ser humano que en numerosas ocasiones se traduce en un repudio hacia las clases bajas, que representan lo superado, un pasado cercano o lejano al que no se quiere volver y con el que no se quiere tener relación.

Ahora bien, el proceso bolivariano ha entendido este desplazamiento de los sectores pobres hacia la clase media, y por ello ha puesto en marcha un conjunto de medidas que la han beneficiado y han buscado consolidarla (para disminuir esa vulnerabilidad a la que nos referíamos). Ejemplo de ello es la implementación de planes hipotecarios que han permitido que la consolidación de sus propiedades; la eliminación de los créditos indexados; el control de los servicios e intereses de las tarjetas de crédito; la implementación de una política educativa que ha retomado al educación básica de carácter público, evitando su proceso de deterioro premeditado y futura mercantilización, así como el proceso de inclusión a la educación superior; las políticas crediticias y de impulso a la pequeña y mediana economía; el incremento real del salario, el aumento del número de pensionados; y otras muchas más que han permitido que el sector de la clase media se haya incrementado de una forma significativa.

Entonces, así como se implementaron políticas en materia de salud y educación para las clases más desfavorecidas, también se implementaron un conjunto de planes para fortalecer y consolidar las condiciones de esa clase media. Eso sí, y aún sin saber si eso está claro en quienes dirigen el proceso bolivariano, lo importante no es acrecentar la clase media, ese sería el efecto, lo importante es ir disminuyendo progresivamente, hasta su eliminación, los dos extremos de la pirámide socio-económica.

Ahora bien, en este contexto logramos ver como en esa clase media encontramos sectores que podríamos llamar de clase media baja, es decir, aquellos que recientemente han salido de la pobreza; aquellos que tiene una situación media y estable; y a otro sector que podríamos llamar de clase media alta, que teniendo la aspiración de todo grupo de clase media, ve viable su ascenso o incorporación a la clase alta de la sociedad.

Tenemos así una gran clase media, repetimos, heterogénea, que se manifiesta de distintas formas dependiendo de múltiples factores, entre los que están su identidad como clase media baja, el centro de la clase media, y la clase media alta.

Hoy por hoy, el proceso bolivariano cuenta con un gran sector de esa clase media, el aparato del Estado, en su mayoría, está compuesto por sujetos de esa clase media; en el sector empresarial e industrial que apoya el proceso bolivariano, también hace vida esa clase media, y en muchas otras áreas del desarrollo nacional, podemos encontrar un conglomerado de venezolanas y venezolanos de la clase media incorporados de una manera u otra al proceso bolivariano. Gran parte de ese conglomerado de clase media, ha adquirido en el proceso bolivariano la posibilidad de formarse y adquirir herramientas para generar su propia identidad, la identidad de una clase media popular.
Por otra parte, es evidente, aunque magnificado comunicacionalmente, que un reducto de esa clase media se encuentra en total oposición con el proceso bolivariano. Habrá quien lo haga intentando darle un punto de vista racional, tomando en cuenta todos los errores que se han cometido (que son muchos), tanto por acción como por omisión, en los distintos estratos políticos del proceso, aunque desconociendo en muchos casos los beneficios, (que son aún muchos más), y sumidos en la frustración por no ver satisfechas sus expectativas.

Por otro lado, encontramos otro sector de la clase media que se opone al cambio de forma desmesurada, haciéndose merecedores del calificativo de "disociados". Esos que ven con repudio el que unos individuos de los sectores populares se encuentren ahora compartiendo sus espacios públicos, asumiendo sus conductas y sus estereotipos, por más negativos que sean. Ven así como su identidad, ese carácter especial que tenían al ser una selecta clase media, perfectamente diferenciada de gran parte de la sociedad, deja de ser exclusiva para ser compartida cada vez más con distintas identidades que para ellos eran inferiores. Esa clase media ha sido deteriorada y manipulada comunicacionalmente por medio del miedo y del engaño, transmitiéndole el temor de que el cambio, elemento esencial de su condición social, será en detrimento de los valores individualistas propios del capitalismo que le han inculcado: perderás tu carro, perderás tu apartamento, te quitarán los hijos, y pare usted de contar.

Nos quedaría por mencionar a un sector de esa clase media que se mantiene al margen de la política. Ésta es sin duda una parte importante de la población a la que hay que politizar a los efectos de obtener su participación en el proceso bolivariano.
Ahora bien, como ya hemos mencionado, esa clase media, en sus distintas expresiones, se ha venido formando en los centros educativos, ha aumentado en mayor o menor medida sus niveles de bienestar, y es la que debe conjuntamente con el sector popular dar vida al contenido participativo del proceso de cambio en la sociedad bolivariana que está por construirse.

Venezuela está viviendo un proceso de cambio que rompe con las pautas que nos habían regido en el pasado desde el punto de vista del levantamiento de esos movimientos sociales. En los años 70, durante la bonanza petrolera, a la clase media se le adormeció, y no fue hasta la etapa de crisis, en los años 80, en la que los precios del crudo se vinieron al suelo, cuando los movimientos sociales se activaron para reivindicar sus derechos e intereses.

En el inicio del siglo XXI, la activación de los movimientos sociales, entre los que se incluyen sujetos de la clase media popular, se está dando en etapa de bonanza petrolera, en un período de crecimientos económico y de expansión de la educación en el país, dada la distinta concepción del proceso que se vive en Venezuela.

Es por ello que ese conjunto de condiciones, el bienestar, el incremento de la clase media popular y su vínculo, y no desprecio, con los sectores más desfavorecidos, debe impulsar el proceso de cambio en donde el motor no sean los líderes nacionales sino esos cuerpos en su conjunto, trabajando, proponiendo, planificando, ejecutando y controlando el funcionamiento del Estado, desde su concepción local hasta llegar a su ámbito nacional.
El proceso bolivariano, a diferencia de lo ocurrido en los años anteriores de democracia, no busca adormecer a la sociedad, por el contrario, ha establecido un conjunto de condiciones políticas y económicas para permitir que sean los cuerpos sociales los que tomen el control del devenir social, es ahí donde debe hacer la revolución esa clase media popular, esa que no desprecia sino que se nutre de las clases bajas, esa clase media que entiende que la mejora de sus condiciones objetivas está determinada por el ascenso social de los de abajo, esa clase media que se prepara y que permite y fomenta la preparación de los demás, esa clase media que cree en la inclusión y no en la exclusión, esa clase media popular debe tomar por las riendas el presente y el futuro del proceso bolivariano.

Termino haciendo referencia a esa frase dicha por Fidel Castro en el 72, en la que señalaba que "quien conquista la clase media, gana la confrontación". En este caso, y con el permiso de Fidel, diría que la confrontación entre el socialismo y el capitalismo se ganará, cuando la clase media y popular sea quien conquiste los espacios públicos y de poder, es ella quien debe ganar y hacer la revolución.